- Veras Lithia. Es una historia que muchos preferirían olvidar pero otros no
podemos.- Contestó el abuelo.
- Hace varios años se perdió una niña, Naria era su nombre, la buscamos durante semanas pero lamentablemente no la encontramos.
Su familia se marchó de la cuidad poco después de que finalizasen las búsquedas. Y desde entonces cada año una fuerte nevada arremete contra la ciudad. El mismo día que Naria desapareció hace 5 años.
La gente murmura y algunos hasta aseguran haber visto al fantasma de la niña paseando por las calles de la ciudad las noches del 21 de diciembre. Por eso, mi niña, esta noche no salimos. La fuerte ventisca y el miedo a encontrarse con el fantasma hacen que la gente no abandone la seguridad de su hogar.- El abuelo concluyó su historia, en su rostro se podía observar su dolor, Lithia desconocía el porqué.
Esa noche el viento rugía fuera, un fuerte golpe hizo que Lithia se despertara sobresaltada.
Se levantó de su cama y miro por la ventana, la nieve caía fuertemente. Pero algo llamo su atención, a pocos metros de su ventana una niña pequeña lloraba.
- Hace varios años se perdió una niña, Naria era su nombre, la buscamos durante semanas pero lamentablemente no la encontramos.
Su familia se marchó de la cuidad poco después de que finalizasen las búsquedas. Y desde entonces cada año una fuerte nevada arremete contra la ciudad. El mismo día que Naria desapareció hace 5 años.
La gente murmura y algunos hasta aseguran haber visto al fantasma de la niña paseando por las calles de la ciudad las noches del 21 de diciembre. Por eso, mi niña, esta noche no salimos. La fuerte ventisca y el miedo a encontrarse con el fantasma hacen que la gente no abandone la seguridad de su hogar.- El abuelo concluyó su historia, en su rostro se podía observar su dolor, Lithia desconocía el porqué.
Esa noche el viento rugía fuera, un fuerte golpe hizo que Lithia se despertara sobresaltada.
Se levantó de su cama y miro por la ventana, la nieve caía fuertemente. Pero algo llamo su atención, a pocos metros de su ventana una niña pequeña lloraba.
- Esa pobre
niña está ahí fuera sola y se va a congelar.- Pensó Lithia, corrió al armario y
se abrigó lo más rápido que pudo.
Salió a la calle, en busca de la niña. Allí estaba ella, con sus cabellos dorados empapados por la nieve, tiritando por una mezcla de frío y temor.
-¿Qué haces aquí fuera con la noche tan terrible que hace? - Dijo Lithia mientras se quitaba el abrigo.
-Me he…snif…perdido…snif…- contesto la muchacha entre sollozos. Lithia le puso su abrigo sobre los hombros.
-Gracias, muchas gracias.- dijo la niña de cabellos dorados.- Hace mucho tiempo que nadie se preocupaba por mi.-
-Ven a mi casa, aquí nos vamos a congelar- Exclamo Lithia, tiritando de frío.
Al año siguiente, ese mismo día 21 de Diciembre, todo el mundo se resguardaba en su casa, esperando la ventisca. La nieve empezó a caer, pero no de forma violenta, si no dulcemente, cubriendo poco a poco las calles. Noel, el abuelo de Lithia, salió de su casa, las lágrimas inundaban su rostro. En su mano, un hermoso ramo de flores que deposito en el lugar donde el año anterior su nieta había fallecido.
Cerró los ojos recordando algunos momentos felices y cuando los abrió allí estaban las dos niñas frente a él.
-Abuelito, ¿porque lloras? - Pregunto apenada Lithia.
-Papá no llore más, por favor- Suplicó Naria.
Antes de darse cuenta, todo el pueblo estaba allí, junto a él. Las niñas habían desaparecido. Su querida nieta Lithia y su hija Naria.
Desde entonces esa noche, en ese mismo lugar y cada año, los habitantes de la cuidad se reúnen para honrar la memoria de las dos niñas. Y algún que otro afirma haber visto a las dos niñas correteando entre la gente esa noche, justo en el momento en que empieza a nevar.
Fin
Salió a la calle, en busca de la niña. Allí estaba ella, con sus cabellos dorados empapados por la nieve, tiritando por una mezcla de frío y temor.
-¿Qué haces aquí fuera con la noche tan terrible que hace? - Dijo Lithia mientras se quitaba el abrigo.
-Me he…snif…perdido…snif…- contesto la muchacha entre sollozos. Lithia le puso su abrigo sobre los hombros.
-Gracias, muchas gracias.- dijo la niña de cabellos dorados.- Hace mucho tiempo que nadie se preocupaba por mi.-
-Ven a mi casa, aquí nos vamos a congelar- Exclamo Lithia, tiritando de frío.
Al año siguiente, ese mismo día 21 de Diciembre, todo el mundo se resguardaba en su casa, esperando la ventisca. La nieve empezó a caer, pero no de forma violenta, si no dulcemente, cubriendo poco a poco las calles. Noel, el abuelo de Lithia, salió de su casa, las lágrimas inundaban su rostro. En su mano, un hermoso ramo de flores que deposito en el lugar donde el año anterior su nieta había fallecido.
Cerró los ojos recordando algunos momentos felices y cuando los abrió allí estaban las dos niñas frente a él.
-Abuelito, ¿porque lloras? - Pregunto apenada Lithia.
-Papá no llore más, por favor- Suplicó Naria.
Antes de darse cuenta, todo el pueblo estaba allí, junto a él. Las niñas habían desaparecido. Su querida nieta Lithia y su hija Naria.
Desde entonces esa noche, en ese mismo lugar y cada año, los habitantes de la cuidad se reúnen para honrar la memoria de las dos niñas. Y algún que otro afirma haber visto a las dos niñas correteando entre la gente esa noche, justo en el momento en que empieza a nevar.
Fin
